venres, 16 de xaneiro de 2015

A Paisaxe Postdiluvial


A paisaxe prístina de Galicia


Benito Vicetto Pérez [1824, 1878], de pai italiano e nai ferrolana, ingresa aos 12 anos no Colexio de Guardamarinas e Pilotos da cidade departamental onde obtén a súa formación académica. Á morte da súa nai alístase no exército, participando como voluntario na primeira Guerra Carlista (1833-1840).  Finalizada a guerra trasládase a Madrid incorporándose no Coiro de Alabardeiros. En 1850 abandona a carreira militar e obtén unha praza de oficial de prisións sendo destinado a Sevilla. En 1852 é trasladado a Coruña onde permanecerá ata 1855, para ocupar a praza de comandante da prisión de Alcalá de Henares, regresando de novo a Coruña en 1859. En 1861 pide o traslado a Toledo, pasando posteriormente por distintos destinos (Ceuta, Granada e Barcelona), ata regresar a Coruña, onde renuncia á súa carreira. 

Tras a proclamación de A Gloriosa, a fuxida de Isabel II, o goberno do Xeneral Prim (1868-1870), noméao superintendente da fábrica de moeda de Xuvía, onde permanece ata 1876, pasando posteriormente a desempeñar o posto de xefe de negociado no Goberno Civil, deixando este emprego ao xubilarse e retirarse a Ferrol, onde morre en 1878. Vicetto foi un prolífico autor, cultivando a novela, o ensaio, o teatro, a novela e o periodismo. A súa obra máis coñecida é "Historia de Galicia", escrita en 1865 e estruturada en 7 tomos, que abranguen dende a Prehistoria ata o ano 1823.

Benito Vicetto Pérez [1824, 1878]
Centrándonos nos capítulos referidos á Prehistoria de Galicia, Vicetto realiza un relato novelesco, en parte inventado e en parte deducido doutros escritos previos nos que se mantén a visión bíblica da formación da Terra, asumindo etapas e períodos que foron obxecto de discusión por Santo Agustín Agustín [345,430] e posteriormente por Juan Calvino [1509,1564], Armagh James Ussher [1581,1656], John Lightfoot [1602,1675], pero que a mediados do Século XIX xa non eran asumidas por científicos e historiadores.

Vicetto identifica a paisaxe prístina, formada tras as retiradas das augas do diluvio universal, como unha paisaxe na que os bosques cobren os vales e as montañas; "xurdindo con profusión nos vales, prolongábanse polas pendentes rápidas, dominando as xigantes curvas e os rectos obeliscos das montañas".  Máis tarde, todo cambiou: mil e mil animais daniños chegaron aos nosos vales e ás nosas montañas, onde se goreceron impunemente. Os bosques transformáronse en fragas e malezas; e os lagos convertéronse en lagoas e pantanos onde se abrigaban as cobras e outros réptiles.

A consideración negativa da fauna silvestre, especialmente do lobo, xabaril, e do oso, así como cobras e outros réptiles, ou de determinados tipos de ecosistemas; lagoas e pantanos, non resulta nada estraña para a época na que Vicetto escribe a súa Historia de Galicia. Fobias que na actualidade aínda se manteñen entre determinados sectores da Galicia del Siglo XXI.


HISTORIA DE GALICIA
Benito Vicetto (1865)


Primer Periodo: GALICIA PRIMITIVA.
Desde 2.416 á. 2.332 antes del nacimiento de Jesús.

I

Al retirarse las aguas del Diluvio, cuando la última onda, turbia y perezosa, se desvaneció en el azul trémulo del mar de nuestras costas, por una de esas reacciones admirables en el orden de la naturaleza, los valles y las montañas empezaron á cubrirse de verdor en poco tiempo; vegetación que elevaba á los cielos sus emanaciones virginales, como si la tierra, reconocida a las bondades de Dios, se inmaterializara en perfumes.


Lagos risueños y encantadores, cuyas purísimas aguas reposaban de la ebullición rugidora del Diluvio, esmaltaban sobre aquel delicioso esmeralda de los campos sus diáfanos Cristales; cristales que reflejaban con la mayor riqueza de luz la plata de los celajes, y la púrpura de los arreboles del horizonte.

Flores de encendidas tintas, de lujosos matices y de la más grata esencia, alzaban a los aires sus corolas mágicas, lo mismo en las suaves declinaciones de las marinas, que en las ondas de rocas de los desfiladeros sombríos. Arboles de variadas formas, de caprichosas hojas y de exquisitos. Dorados y aromáticos frutos, surgiendo con profusión en los valles, se prolongaban por las pendientes rápidas, dominando las gigantes curvas y los rectos obeliscos de las montañas.

Los ríos extendían su aljófar sobre las arenas de oro de sus álveos.

Y la atmósfera, purísima y perfumada, sin que la más leve espiral de humo o polvo la empañara, parecía de topacio y azahar.

Tal era Galicia.

El Jardín del Eden de Jan Brueghel el Viejo

Las aguas del Diluvio absorbieran en sus olas bramadoras al mundo corrompido, según la voluntad de Dios; y por eso todo en la creación renacía á una nueva vida, de la manera más pura, virginal e inmaculada.

Galicia era entonces un vergel acariciado del Creador.

ll.

Sobre aquellos lagos, sobre aquellas flores, sobre aquellos árboles, sobre aquellos ríos de prístina belleza, de repente agitaron las ondas trasparentes dela atmósfera mil aves de colores, que parecían descender del cielo.

Entonces tuvo Galicia más armonías que las del cristal y la plata de sus mares, ríos, torrentes y cascadas: tuvo el canto de los ruiseñores y de otros innumerables y bellísimos colorines, que empezaron á morar en sus florestas gayas, y en sus enramadas poéticas.

Galicia era un verdadero Eden.

III.

Más tarde, todo cambió: mil y mil animales dañinos llegaron a nuestros valles y a nuestras montañas, donde se guarecieron impunemente. La irrupción de aquellos animales horribles, manchó con alientos fétidos la pureza de la atmósfera; las flores languidecieron bajo la planta del oso, del lobo y del jabalí; desapareció el fruto de los árboles, que abatieron sus copas bajo la inmunda planta de estos seres, hasta formar fragas y malezas; y los lagos se convirtieron en lagunas y pantanos donde se abrigaban las culebras y otros reptiles, y monstruos no menos fieras y temibles que los de los bosques.


Galicia dejó de ser el jardín acariciado por el Señor. Y solo presentaba el pavoroso aspecto de un antro de fieras; de fieras que se multiplicaban con una fecundidad extraordinaria; de fieras en lucha con las flores, los frutos y las aves.

Era el cuadro horroroso.


Ningún comentario:

Publicar un comentario